Dragon of Chaos
07/10/2006, 20:48:00
Una vez en Rookgaard había dos buenos amigos, Helor Amar y Polixe el Sorcerer.
Vivían como cualquier otra persona en la ciudad y los acogía Cipfried, el monje de la ciudad. Un día decidieron ir a explorar las afueras de la ciudad. Era una mañana soleada y despejada como el día anterior, en la calle había mucho ruido porque cada mañana llegaban los vendedores ambulantes a la Plaza Principal de la ciudad de Rookgaard. Antes de salir a explorar, fueron a la pradera a cazar para poder vender la comida y obtener dinero. Iban por la pradera y encontraron varios conejos. Helor y Polixe les dieron caza y consiguieron comida. Al final de la mañana habían obtenido más de 500 monedas.
Fueron al mercado y compraron un equipo apropiado para ir a explorar:
Para ello fueron a ver a un viejo amigo de Polixe: Obi.
Polixe: Buenos días Obi.
Obi: Buenos días Polixe, ¿que tal te encuentras hoy?
Polixe: Muy bien gracias, y confío en que tu también lo estás.
Obi: No lo creas muchacho, escasea la clientela. Todo el mundo va a comprar a la tienda de al lado.
Polixe: Pues hoy estás de suerte, porque mi amigo y yo venimos a comprar muchas cosas, queremos salir a explorar las afueras de Rookgaard.
Obi: Está bien, necesitaréis antorchas, cuerdas, palas y mochilas.
Helor: Está bien denos dos de cada excepto antorchas que queremos mas, denos 6 por favor.
Obi: Aquí tienen.
Polixe: Gracias Obi, te volveremos a ver pronto.
Obi: Muy bien chicos, hasta pronto, pero id con cuidado.
....
Helor y Polixe estaban atravesando el puente que los conduciría fuera de la ciudad y se encontraron a un caballero bien equipado llamado Dalheim:
Dalheim: ¿Vais a explorar muchachos?
Polixe: Si, queremos conocer.
Helor: Hemos ido a la biblioteca a informarnos sobre toda clase de cosas. Nos sentimos preparados.
Dalheim: Muy bien, si alguna vez estáis heridos id a ver a un viejo druida que vive en una montaña no muy lejos de aquí, vende pócimas y se llama Hyacinth.
Polixe: Gracias por el consejo.
Helor: Esperamos volver pronto.
Polixe y Helor estaban caminando por un sendero verde lleno de frondosos árboles y arbustos. No se les había ocurrido llevar un mapa así que estaban perdidos. Caminaron y caminaron hasta el anochecer cuando encontraron un pequeño agujero en la tierra y decidieron refugiarse en él. Encendieron las antorchas y se adentraron en el agujero. Ellos no sabían que habían escaleras así que inocentemente se tiraron por el agujero, se tropezaron contra el primer escalón y rodaron escaleras abajo.
Cuando llegaron abajo se dieron cuenta de que la cueva era ¡¡¡una guarida de fieros y hambrientos osos!!!.
Polixe: Nos hemos metido en un buen lío.
Helor: Eso me temo.
Helor y Polixe lucharon cuerpo a cuerpo con los osos, un oso le venía por la espalda a Helor pero él no se había dado cuenta.
Polixe: ¡¡¡Cuidado!!!
Helor se giró cuando el oso le saltaba encima, el oso había tumbado a Helor, Polixe tenía que ayudar a su amigo urgentemente, o por lo contrario, moriría.
Polixe saltó valientemente sobre el oso que dejó a Helor tumbado en el sueño con diversas heridas en el brazo y en el pecho. El oso luchaba contra Polixe, sus fríos y negros ojos le daban miedo, pero no podía dejar que el oso matara a su amigo. El oso se descuidó un momento y Polixe le dio un golpe seco en la cabeza con su mazo de hierro. El oso estaba muerto. Polixe fue corriendo a ver el grave estado de su amigo y recordó las palabras de Dalheim: si alguna vez estáis heridos id a ver a un viejo druida que vive en una montaña no muy lejos de aquí, vende pócimas y se llama Hyacinth.
Polxe cogió en brazos a su amigo y lo saco de la cueva antes de que viniera otro oso. Aún el cielo estaba oscuro como boca de lobo pero no podían quedarse en la cueva. Polixe corrió y corrió con Helor inconsciente y pronto llegaron a unas montañas. Polixe usó su cuerda para subir con su amigo hasta llegar a la cima de la montaña donde había una casa con tejado de paja y paredes de barro y madera con aspecto sombrío pero acogedor.
CONTINUARÁ...
Vivían como cualquier otra persona en la ciudad y los acogía Cipfried, el monje de la ciudad. Un día decidieron ir a explorar las afueras de la ciudad. Era una mañana soleada y despejada como el día anterior, en la calle había mucho ruido porque cada mañana llegaban los vendedores ambulantes a la Plaza Principal de la ciudad de Rookgaard. Antes de salir a explorar, fueron a la pradera a cazar para poder vender la comida y obtener dinero. Iban por la pradera y encontraron varios conejos. Helor y Polixe les dieron caza y consiguieron comida. Al final de la mañana habían obtenido más de 500 monedas.
Fueron al mercado y compraron un equipo apropiado para ir a explorar:
Para ello fueron a ver a un viejo amigo de Polixe: Obi.
Polixe: Buenos días Obi.
Obi: Buenos días Polixe, ¿que tal te encuentras hoy?
Polixe: Muy bien gracias, y confío en que tu también lo estás.
Obi: No lo creas muchacho, escasea la clientela. Todo el mundo va a comprar a la tienda de al lado.
Polixe: Pues hoy estás de suerte, porque mi amigo y yo venimos a comprar muchas cosas, queremos salir a explorar las afueras de Rookgaard.
Obi: Está bien, necesitaréis antorchas, cuerdas, palas y mochilas.
Helor: Está bien denos dos de cada excepto antorchas que queremos mas, denos 6 por favor.
Obi: Aquí tienen.
Polixe: Gracias Obi, te volveremos a ver pronto.
Obi: Muy bien chicos, hasta pronto, pero id con cuidado.
....
Helor y Polixe estaban atravesando el puente que los conduciría fuera de la ciudad y se encontraron a un caballero bien equipado llamado Dalheim:
Dalheim: ¿Vais a explorar muchachos?
Polixe: Si, queremos conocer.
Helor: Hemos ido a la biblioteca a informarnos sobre toda clase de cosas. Nos sentimos preparados.
Dalheim: Muy bien, si alguna vez estáis heridos id a ver a un viejo druida que vive en una montaña no muy lejos de aquí, vende pócimas y se llama Hyacinth.
Polixe: Gracias por el consejo.
Helor: Esperamos volver pronto.
Polixe y Helor estaban caminando por un sendero verde lleno de frondosos árboles y arbustos. No se les había ocurrido llevar un mapa así que estaban perdidos. Caminaron y caminaron hasta el anochecer cuando encontraron un pequeño agujero en la tierra y decidieron refugiarse en él. Encendieron las antorchas y se adentraron en el agujero. Ellos no sabían que habían escaleras así que inocentemente se tiraron por el agujero, se tropezaron contra el primer escalón y rodaron escaleras abajo.
Cuando llegaron abajo se dieron cuenta de que la cueva era ¡¡¡una guarida de fieros y hambrientos osos!!!.
Polixe: Nos hemos metido en un buen lío.
Helor: Eso me temo.
Helor y Polixe lucharon cuerpo a cuerpo con los osos, un oso le venía por la espalda a Helor pero él no se había dado cuenta.
Polixe: ¡¡¡Cuidado!!!
Helor se giró cuando el oso le saltaba encima, el oso había tumbado a Helor, Polixe tenía que ayudar a su amigo urgentemente, o por lo contrario, moriría.
Polixe saltó valientemente sobre el oso que dejó a Helor tumbado en el sueño con diversas heridas en el brazo y en el pecho. El oso luchaba contra Polixe, sus fríos y negros ojos le daban miedo, pero no podía dejar que el oso matara a su amigo. El oso se descuidó un momento y Polixe le dio un golpe seco en la cabeza con su mazo de hierro. El oso estaba muerto. Polixe fue corriendo a ver el grave estado de su amigo y recordó las palabras de Dalheim: si alguna vez estáis heridos id a ver a un viejo druida que vive en una montaña no muy lejos de aquí, vende pócimas y se llama Hyacinth.
Polxe cogió en brazos a su amigo y lo saco de la cueva antes de que viniera otro oso. Aún el cielo estaba oscuro como boca de lobo pero no podían quedarse en la cueva. Polixe corrió y corrió con Helor inconsciente y pronto llegaron a unas montañas. Polixe usó su cuerda para subir con su amigo hasta llegar a la cima de la montaña donde había una casa con tejado de paja y paredes de barro y madera con aspecto sombrío pero acogedor.
CONTINUARÁ...